EL LADO CHIC DE LA MONEDA


Nunca las aspirantes a Primera Dama tuvieron tanto protagonismo. Levantan la voz para defender a sus maridos, opinan de todo y corren con agenda propia. La dos son rubias, una es orientadora familiar y la otra ya ocupó el “cargo”. Ellas son Cecilia y Martita.

Cecilia se siente muy cercana a los temas sociales, “Siento que en un país como Chile, con tantas necesidades, es importante hacer labores sociales”, dice esta orientadora familiar. De llegar a ocupar el “cargo”, sus funciones estarían centradas en lo que realiza desde hace 25 años. O sea, trabajar con mujeres y jóvenes de bajos recursos, algo parecido a lo que hizo en la Fundación Mujer Emprende, que creó en 1989 para prestar servicios de orientación durante ocho años en una cárcel de menores. “Eso es lo que yo le aporto a la campaña de mi marido: mi vocación y opción de vida por el trabajo con los más necesitados. Además de acompañarlo en el día a día, como mujer”, señala.
Patricio Navia opina que aún no logra conectarse con los sectores populares desde otro lugar que no sea el de trabajadora y voluntaria de iniciativas de beneficencia.

“Martita”, por su lado, reúne experiencia y energía. Eso sí, para Patricio Navia, “ella fue esposa de candidato en un Chile de 1993, sin pokemones ni ley de divorcio”. Su contraparte lo ve de manera similar y dice que Eduardo Frei representa el molde del siglo XX, no así Doggenweiler ni Morel, quienes encarnan la imagen del siglo XXI. “Tanto una como la otra podrían lograr un buen desempeño futuro”, afirma. Sobre Larraechea, el cientista político estima que “su entusiasmo la desborda, pues a veces hablamás rápido de lo que piensa y sin mucho filtro. Y esa franqueza la mete en problemas”. Más allá de estar de acuerdo o no, lo que esta mujer le aporta a su marido candidato, no es menor: “Mucho humor”, según dice ella misma.


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